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Fuente: http://4.bp.blogspot.com |
Carmen Rodríguez Martínez, Doctora en Pedagogía por la Universidad de Malága, escribe una columna en "El País" sobre la segregación escolar por sexos, reclamada por algunos grupos españoles y en buena medida tolerada por el gobierno actual, según la misma autora. La columna es la siguiente:
Segregar al alumnado por sexos: ¿exige explicación?
Es esperanzador en las circunstancias en que vivimos que el Consejo de Estado haya tenido el coraje de cuestionar
algunas de las propuestas de reforma educativa del ministro Wert, pero
llama la atención la poca claridad que demuestra ante un tema tan
controvertido como es el de las subvenciones a los colegios concertados
que segregan por sexos.
Aunque en su dictamen defienden la igualdad entre los sexos, exigen
que se especifique “una justificación objetiva y razonable de la
excepción y la concreción de un programa y de las medidas académicas a
implantar para favorecer la igualdad”, tratando de eludir la
inconstitucionalidad de legislar contra el principio de igualdad que
defiende la norma fundamental.
El Consejo parte del supuesto de que separar a chicos y chicas puede
beneficiar tanto a unos como a otras. Se piensa que separándolos
lograrían mejores rendimientos escolares, porque es posible que partan
de la creencia de que necesitan diferentes programas académicos para
conseguir los mismos resultados.
En primer lugar, hay que decir que los rendimientos más bajos de
“algunos chicos” están motivados por el tipo de cultura masculina
tradicional que juega un papel importante en su desinterés por la
escuela y en su rechazo hacia un orden que les impone una determinada
actitud y comportamiento. En ambientes segregados los estereotipos
sexuales se afianzan más porque en el ambiente educativo se refuerzan
aquellos aspectos que son más fuertes en los chicos y en las chicas. Los
comportamiento de los chicos suelen empeorar al segregarlos.
En segundo lugar, en Europa las escuelas de un solo sexo en la
enseñanza pública no son muy comunes. Se está pidiendo una
“justificación objetiva y razonable” a colegios regentados por el Opus
Dei y de la organización de Cristo Rey , que son los que reclaman la
segregación, fundamentándola en la doctrina tradicional católica que
cree que niños y niñas están destinados a ocupar posiciones y funciones
diferentes en la sociedad y en la familia. No creen en la igualdad entre
sexos igual que tampoco lo cree el Partido Popular, como lo demuestra
el haber quitado estos contenidos de la asignatura de “Educación para la
ciudadanía”, antes de eliminarla por completo.
En tercer lugar, el convenio de la Unesco de 1960, no es congruente
con la Constitución, porque nuestra legislación plantea estándares
democráticos superiores con respecto a la igualdad entre los sexos a los
que plantearon en aquel convenio, que se estableció para garantizar la
escolarización de las niñas en aquellos países con legislaciones muy
restrictivas con respecto a las libertades de las mujeres.
En cuarto lugar, no hay ninguna evidencia científica de que la
segregación por sexos mejore los resultados académicos de los chicos o
de las chicas, porque tampoco es cierto que aprendan de forma distinta.
Suelen encontrarse mayores diferencias según la clase social o la etnia a
las que pertenecen que la que pudiese producirse por la diferencia de
género.
El comportamientos de los buenos estudiantes es muy similar en chicos
y chicas. Sí es cierto que la segregación como forma de organización
incrementa los estereotipos de género y legitima el sexismo
institucional.
No deberíamos permitir que los logros conseguidos en la educación de
las mujeres, hace apenas treinta años, sufran un retroceso. La escuela
mixta es la forma natural de socialización conjunta. Con estrategias y
formas de educación co-educativas, pueden mejorar los rendimientos y las
bajas expectativas debidas a los roles tradicionales de género, además
de representar la forma normal de convivir en sociedad.