martes, 16 de marzo de 2010

Primeras críticas a la agenda educativa del gobierno de Piñera

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La editorial de El Mercurio de hoy martes 16 de marzo señala con claridad sus reparos al énfasis dado por el gobierno de Piñera a la agenda de educación, esto es, la normalización del proceso escolar en las zonas más afectadas por la catástrofe del 27 de febrero pasado. Como se sabe, esta prioridad en la infraestructura escolar ha servido como argumento para postergar la implementación de algunas de las medidas programáticas ofrecidas por al actual Presidente durante su campaña, entre ellas, la creación de "liceos de excelencia" y la revisión de la carrera docente.

El argumento de El Mercurio se concentra en dos puntos: i) es conveniente aprovechar la coyuntura para implementar nuevas formas de gestión de la educación, y ii) se debe avanzar en las medidas anunciadas durante la campaña, especialmente la de los liceos de excelencia y la aprobación de leyes sobre el aseguramiento de la calidad, anunciadas en la LGE.

Una síntesis de lo planteado es la siguiente:

  • La recuperación o normalización del sistema escolar es una oportunidad para revisar la situación de las zonas afectadas, racionalizando la estructuración de la oferta y concentrando la matrícula en menos establecimientos a objeto de asegurar los pisos de financiamiento que les darían viabilidad operacional. Como muchas de las zonas afectadas por el terremoto o tsunami son rurales, están aisladas geográficamente y tienen baja densidad poblacional, sus escuelas son de poca matrícula y, por lo general, económicamente deficitarias.
  • Este argumento, en lo esencial, ya fue sugerido por Ernesto Tironi (economista y empresario, co-propietario del Colegio Pedro Apóstol de Puente Alto, subvencionado con financiamiento compartido), el sábado pasado en una columna en La Tercera, donde explícitamente llama a no reconstruir todas las escuelas dañadas por el sismo. Según dice, la baja calidad de la educación que reciben miles de niños se debe al pequeño tamaño de las escuelas donde estudian.
  • Por otra parte, avanzando en la agenda programática, un número razonable de los liceos de excelencia deberían comenzar a funcionar el año próximo, aun cuando haya críticas a esta política, sobre todo a los procesos de selección de alumnos con que se conformará su matrícula; a la baja cobertura de los mismos liceos y a los posibles efectos segregatorios que éstos tendrían en el sistema de educación pública. Estas críticas serían infundadas porque no habría evidencias de que estas prácticas de selección generen efectos negativos en el sistema escolar. Al contrario, la existencia de liceos de excelencia seria un incentivo a una cultura del esfuerzo en educación para las familias y estudiantes, a la vez que un referente de calidad para los demás establecimientos.
  • Finalmente, sería imprescindible conseguir a la brevedad la aprobación de las leyes necesarias para implementar el sistema de aseguramiento de la calidad y acabar de esta forma con la cultura de no responsabilización ni asunción de consecuencias por el desempeño institucional e individual en educación.

Sólo un comentario: las medidas propuestas para racionalizar la provisión del servicio educativo en las zonas rurales afectadas por el terremoto o tsunami tienen una incuestionable lógica económica y de eficiencia, consistente con la orientación gerencial que se la ha atribuido a los nuevos equipos de gobierno. Es indiscutible que una mínima aplicación de organización industrial sugeriría estos equilibrios entre oferta y demanda en un determinado mercado, acotado además por factores geográficos que dificultan la ampliación de dicho mercado. Pero proponerlo y hacerlo ahora, en el contexto post terremoto es simplemente un descriterio por dos razones que se funden: a) golpea la identidad de esas comunidades ya doloridas por la fuerza de la naturaleza; y b) olvida que esas escuelas son parte de una comunidad y de su cultura. No son sólo lugares donde se presta un servicio; son lugares que simbolizan la presencia institucional del Estado. Reitero: eliminar o vaciar escuelas rurales porque no son viables desde un punto de vista económico es reduccionista y revela una indiferencia inaceptable desde un punto de vista sociocultural.

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