miércoles, 23 de noviembre de 2011

Prioridades presupuestarias en Educación

Hoy la prensa recoge dos opiniones de interés sobre la política educativa chilena. La primera es del ex ministro, José P. Arellano, quien postula que, sin subestimar la necesidad urgente de mejorar el financiamiento para la educación superior, es recomendable priorizar la inversión en educación inicial y básica. En la misma dirección, se publica una carta firmada por algunos políticos, economistas y un grupo de especialistas en educación. Copio ambas opiniones:


Prioridades para la inversión pública en educación

José P. Arellano


Ex ministro de Educación


El país ha venido haciendo un creciente esfuerzo por destinar
recursos a la educación. Tanto el Estado como las familias han elevado
fuertemente los recursos invertidos en educación en los últimos 20 años.
El Estado invirtió el año pasado $990.000 por alumno en los colegios
subvencionados. Esto es cinco veces más de lo que invirtió el año 1990
por alumno en moneda de igual valor. Las familias han hecho también un
esfuerzo creciente.


Si sumamos toda la inversión que el país está haciendo en educación,
se llega al 6,9% del PIB. Hace 20 años, esa proporción llegaba al 3,9 %.
Esta inversión en educación es superior al promedio de los países de la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Estamos entre los países que más invierten. En la OCDE hay sólo cuatro
países que invierten más que Chile como proporción del PIB. De esa
inversión, más de un tercio es financiado por las familias.


El esfuerzo principal de las familias ha estado en el financiamiento
de la educación superior. La mayor parte del costo de la educación
superior de los 800 mil estudiantes adicionales que están en la
educación superior este año, comparado con el año 1990, lo están pagando
sus familias y las deudas de los estudiantes.


Este esfuerzo se ha vuelto insostenible para las familias de ingresos
bajos y medios, y las deudas son motivo de temor para muchos. Esta
situación es la que ha estado detrás de los reclamos respecto de nuestra
educación en los últimos meses. Se requiere un mayor esfuerzo del
Estado para apoyar a las familias de menores ingresos en el
financiamiento del acceso a la educación superior de los jóvenes con
méritos académicos para la educación terciaria. Las becas deben
complementarse con créditos que se paguen en proporción al ingreso de
los futuros profesionales.


Esa es una clara prioridad. Pero, sin duda, desde el punto de vista
de equidad, la primera prioridad siguen siendo la educación preescolar y
el sistema escolar de los alumnos más vulnerables. Los recursos para la
educación preescolar y para seguir mejorando la Subvención
Preferencial, y gradualmente la subvención general, son la mayor
prioridad tanto desde el punto de vista de equidad como de mejoramiento
de la calidad educacional. Es mucho más efectiva la buena educación
temprana que un intento remedial en la etapa postsecundaria.


Sin embargo, tenemos desafíos que exceden con mucho lo que se puede
lograr con el mero aumento de los recursos financieros y que requerirán
de tiempo y esfuerzo sostenido para producir efectos. Entre ellos, cabe
mencionar el mejoramiento de la formación inicial de los docentes, el
sistema de aseguramiento de calidad desde el nivel escolar hasta el
superior (instalación de la agencia de calidad a nivel escolar y
fortalecimiento de la acreditación a nivel superior), el mejoramiento de
la educación técnica y reorganizar la institucionalidad de la educación
que hoy administran los municipios.




Prioridades en Educación



(ver lista de firmantes al final del texto)


La educación juega un papel clave para avanzar en
mayores niveles de igualdad y movilidad social, así como también en la
expansión de las libertades y oportunidades de las personas. Para
alcanzar estos propósitos, es sumamente importante el nivel educativo
donde se invierten los recursos adicionales que se destinarán a la
educación.


Las diferencias de habilidades cognitivas y socioemocionales
comienzan a manifestarse desde muy temprano, porque las brechas en el
capital cultural de los hogares son muy marcadas y ellas influyen en la
adquisición de dichas habilidades. Es por eso que se debe privilegiar la
educación preescolar durante los próximos años. No obstante los avances
de años recientes, aún estamos lejos de tener una cobertura amplia y
una calidad de alto nivel para todos, absolutamente indispensables para
compensar las diferencias de origen.


Si hubiese que elegir una segunda prioridad, ella sería la educación
escolar, que permite consolidar los esfuerzos realizados en educación
preescolar. En este nivel educativo, a pesar de los incrementos de
recursos observados desde 2008, en particular a través de la subvención
escolar preferencial, nos parece que el compromiso financiero es aún
insuficiente. Se requiere de un mayor financiamiento, entre otros
motivos, para asegurar el desarrollo de una carrera profesional docente
que atraiga a los mejores talentos a la educación y que les otorgue una
proyección laboral que en la actualidad está ausente.


En el ámbito de la educación escolar no se puede desconocer el
abandono en que se encuentra la educación técnico-profesional, que
atiende mayoritariamente sectores vulnerables de la población, y que
requiere profundas transformaciones. Abordar este desafío también supone
importantes recursos, pero ofrecerá oportunidades renovadas a nuestros
niños y jóvenes de menores recursos.


Por estas razones, quisiéramos aportar al debate de políticas
públicas en educación, señalando que nos preocupa que nuestros líderes
políticos estén pensando en extender de modo masivo, más allá de la
gradualidad que pueda acordarse, una política amplia de gratuidad en la
educación superior. Se trata de montos cuantiosos que en un mundo de
recursos escasos significará necesariamente postergar la reducción de
los déficits en educación preescolar y escolar antes mencionados.
Quisiéramos que se allegaran la mayor cantidad de recursos a la
educación, pero sabemos que los países tienen que equilibrar los gastos
públicos en diversas áreas prioritarias.


Creemos que en las circunstancias actuales es razonable acotar la
gratuidad a las proporciones que sean razonables para no desalentar el
acceso a la educación superior de los más vulnerables. Los mecanismos
preferentes de financiamiento estudiantil deben ser otros. Por ejemplo,
un crédito contingente al ingreso que podría extenderse al noveno decil.
Si se eligiera este instrumento, las tasas de interés y el número
máximo de años de pago deberían ser razonables, de modo que su pago no
sea oneroso para los graduados que durante su vida laboral no alcancen
ingresos suficientes. En estos casos la deuda se extinguiría antes de
ser satisfecha en plenitud. En un esquema de estas características se
incorporaría de modo automático una beca para los egresados que obtengan
bajos ingresos. Por supuesto, el legislador puede estudiar mecanismos
alternativos a éste semejantes en espíritu.


Pedimos que los recursos que libera esta propuesta, respecto de la
alternativa de extender ampliamente la gratuidad en la educación
superior, se dediquen enteramente a la educación preescolar y escolar
para asegurar en estos niveles una mayor calidad y equidad. Si se
ajustan las prioridades en la dirección que planteamos, se hará una
mayor contribución a la igualdad de oportunidades y a la movilidad
social.


Mariana Aylwin

Patricia Matte

José Joaquín Brunner

Francisco Gallego

Sergio Urzúa

Claudia Peirano

Osvaldo Larrañaga

Patricio Meller

Jorge Manzi

Sylvia Eyzaguirre

Francisco Claro

Sergio Molina

Mónica Jiménez

Pablo González

Eduardo Engel

Andrea Repetto

Ernesto Treviño

José Miguel Benavente

Dagmar Raczynski

Álvaro Fischer

Alejandra Mizala

Bernardita Vial

Cristóbal Huneeus

Paulina Araneda

Gregory Elacqua

Harald Beyer

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